Como ser feliz en tu empleo aunque no te guste

No sé si todo el mundo es capaz de sentirlo, pero la felicidad en el trabajo existe. La mayoría de nosotros hemos caído alguna vez en lo que Mihály Csíkszentmihályi denomina estado de flujo, un momento en el que estás absorto en tu creatividad y sientes una gran satisfacción desarrollando tu trabajo. Aunque estés trabajando, esos momentos de felicidad son perfectamente comparables a los que pasas con tu familia y amigos.

Si puedes experimentar de manera recurrente esos estados de flujo mientras trabajas, resulta que el trabajo deja de ser un mero instrumento para poder pagar las facturas y se convierte en una parte importante de tu felicidad. Hay quien dice, y yo estoy muy de acuerdo, que no se puede ser feliz en la vida si no se es feliz en el trabajo.

A tu empresa le resulta muy interesante que seas feliz en el trabajo. Un trabajador feliz es un trabajador más comprometido y menos estresado, termina antes sus tareas y con menos errores, tiene un 65% más de energía, toma mejores decisiones y permanece hasta 4 veces más tiempo en la empresa. Y como te esfuerzas más y eres más productivo, los resultados de la empresa mejoran. Es por ello que cada vez más empresas se preocupan por generar este intangible en el lugar de trabajo, buscando trabajadores más felices y comprometidos que redunden en términos de eficiencia y rentabilidad.

Pero lograrlo no es fácil, porque no sabemos muy bien en qué consiste la felicidad—cada persona la entiende de una forma diferente—y, desde luego, no sabemos como medirla. Lo que no se puede perder de vista es que cada individuo es el único responsable de su felicidad.

Los aumentos de sueldo y otro tipo de ventajas, como acceso gratuito a un gimnasio, cafés gratis, etc. solo consiguen mejorar la sensación de felicidad temporalmente, a corto plazo. Por dos razones: porque a partir de cierta calidad de vida más dinero apenas incrementa nuestra felicidad, y porque el ser humano se acostumbra a todo. Una vez te has acostumbrado a que el café es gratis cada día, ya no lo percibes como algo extraordinario que aporta satisfacción o motivación a tu trabajo.

No se puede “vender” esa felicidad, lo único que se puede hacer es crear las condiciones adecuadas para que cada persona encuentre su propio espacio, alentado su motivación intrínseca. En general, un individuo se siente motivado y satisfecho cuando tiene autonomía para realizar su trabajo, cuando es capaz de mejorar sus habilidades, y cuando trabaja con un propósito (los tres pilares de la motivación).

No importa las tonterías que te ofrezcan. Al final, la felicidad en el trabajo pasa fundamentalmente por hacer lo que te gusta—o por conseguir que te guste lo que haces—y por una buena relación con el resto de tus compañeros.

De todas maneras, hay que tener claro que el trabajo nos va a proporcionar una amplia variedad de emociones. Una empresa nos es precisamente un paraíso en el que no existen problemas ni conflictos. El buen ambiente no debe impedir que aparezcan y se debatan opiniones e ideas diferentes. También habrán momentos malos que, simplemente, habrá que superar.

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